Según los informes, OpenAI está en conversaciones para ceder al gobierno de EE.UU. una participación del 5% en la empresa — un movimiento que, de confirmarse, valdría aproximadamente 42.600 millones de dólares basándose en la valoración post-money más reciente del laboratorio de IA de 852.000 millones de dólares. La propuesta, reportada por primera vez por el Financial Times, enmarca la oferta de capital no solo como una concesión política, sino como un argumento más amplio de que el público merece una participación financiera en la revolución de la IA. Ni OpenAI ni la Casa Blanca han confirmado las negociaciones.
Sam Altman ha estado haciendo rondas en Washington. Según los informes, el CEO de OpenAI presentó el concepto de participación directamente a la administración Trump ya en 2025, y las conversaciones han continuado hasta mediados de 2026. Sus conversaciones recientes han incluido al presidente Donald Trump, al secretario de Comercio Howard Lutnick, al secretario del Tesoro Scott Bessent y al senador Bernie Sanders — una lista políticamente diversa que señala cuán ampliamente OpenAI está tratando de construir apoyo.
Según el Financial Times, Altman enmarcó la participación como la forma más práctica de dar a los estadounidenses comunes un interés financiero en el potencial económico de la IA. En abril, OpenAI ya había lanzado la idea de un "fondo de riqueza pública" que mantendría activos vinculados al crecimiento de las empresas de IA y distribuiría los beneficios de manera más amplia. La propuesta de capital gubernamental parece ser una evolución de ese pensamiento — una oferta estructural directa en lugar de una conceptual.
El propio Trump ha descrito públicamente que EE.UU. tome participaciones en gigantes de la IA como "algo hermoso" que convertiría a los estadounidenses en "socios de esta revolución". Ese encuadre importa: sugiere que la administración ve alineación ideológica con la idea, aunque los detalles sigan sin resolverse.
El momento no es accidental. La presión sobre las principales empresas de IA de EE.UU. ha ido aumentando a medida que Washington se preocupa cada vez más por las vulnerabilidades de ciberseguridad, la rápida expansión de los centros de datos de IA y el surgimiento de modelos chinos de código abierto competitivos que están demostrando ser casi tan capaces como las mejores alternativas estadounidenses a una fracción del costo. Anthropic, por ejemplo, se vio obligada a deshabilitar temporalmente el acceso a sus modelos más avanzados Mythos y Fable el mes pasado para cumplir con una directiva de control de exportaciones, antes de recibir autorización para restaurar el acceso tras abordar las preocupaciones de seguridad de los legisladores.
Para OpenAI, ofrecer al gobierno una participación financiera puede servir a un doble propósito: podría reducir la fricción regulatoria al tiempo que reposiciona a la empresa como un socio en los intereses estratégicos de EE.UU. en lugar de un actor privado que opera por encima de la responsabilidad pública.
La propuesta de capital no se detiene en OpenAI. El acuerdo más amplio que Altman supuestamente presentó prevé que Washington mantenga una participación del 5% en cada uno de los principales desarrolladores de IA de EE.UU. a través de un vehículo gubernamental — efectivamente una estructura de fondo soberano de riqueza aplicada al sector de la IA. Las empresas mencionadas en relación con este marco incluyen Anthropic, Google y Meta, aunque sigue siendo incierto si alguna de ellas aceptaría los términos.
El senador Bernie Sanders ha sido uno de los defensores más vocales de la redistribución de la riqueza de la IA. Su Ley del Fondo Soberano de Riqueza de IA Americano va más allá de la propuesta de OpenAI, previendo un fondo que podría alcanzar potencialmente aproximadamente 7 billones de dólares en valor. Sanders ha argumentado consistentemente que los beneficios de la IA no deben permanecer concentrados entre un grupo reducido de ejecutivos tecnológicos — una posición que otorga al concepto de participación accionaria tracción política bipartidista, aunque desde ángulos ideológicos muy diferentes.
La convergencia del impulso legislativo de Sanders y el aparente apetito de la administración Trump por la propiedad gubernamental en empresas de IA crea una inusual alineación política. Ambos lados están llegando a la misma conclusión — que el público debería beneficiarse de las ganancias económicas de la IA — a través de motivaciones muy diferentes.
Si se materializa un acuerdo con OpenAI, encajaría en un patrón que la administración actual ha estado construyendo durante más de un año. El gobierno ya ha estado adquiriendo posiciones accionarias significativas en sectores que considera estratégicamente vitales.
En 2025, el gobierno de EE.UU. compró 433,3 millones de acciones de Intel a 20,47 dólares por acción, invirtiendo 8.900 millones de dólares por una participación del 9,9% — una transacción vinculada a la financiación de la Ley CHIPS. Con las acciones de Intel cotizando cerca de 127 dólares en el momento de estos informes, esa inversión ha crecido hasta aproximadamente 55.000 millones de dólares en valor, representando aproximadamente un retorno de 6,2x. Trump ha declarado públicamente desde entonces que lamenta no haber pedido una participación mayor.
Más allá de Intel, la administración posee:
La inversión en Intel, en particular, se ha convertido en un punto de referencia sobre cuán lucrativas pueden ser las posiciones accionarias gubernamentales tempranas en empresas tecnológicas estratégicas. También explica por qué Trump expresó públicamente su arrepentimiento por no haber negociado con más firmeza — y por qué la oferta de OpenAI del 5% en una empresa valorada en 852.000 millones de dólares probablemente será recibida con serio interés, y posiblemente una contraoferta por algo mayor.
Las cifras son llamativas por sí solas. Una participación del 5% en OpenAI a su valoración actual se traduce en aproximadamente 42.600 millones de dólares — más de cuatro veces el desembolso inicial del gobierno para Intel, y en una empresa ampliamente considerada como una de las firmas tecnológicas más trascendentales de esta generación.
Pero las implicaciones van más allá de la cifra en dólares. La propiedad gubernamental en una empresa líder de IA plantearía preguntas inmediatas sobre la independencia operativa de OpenAI, su gobernanza de datos y cómo la empresa navega las futuras decisiones regulatorias cuando uno de sus accionistas es también su regulador. Estas son preguntas que los insumos dejan deliberadamente abiertas — y es probable que definan los verdaderos puntos de conflicto de la negociación mucho más que el porcentaje en sí.
Para la industria de la IA en general, el precedente podría ser transformador. Si OpenAI acepta y el marco se extiende a Anthropic, Google y Meta, el gobierno de EE.UU. mantendría efectivamente una participación financiera en los sistemas de IA más poderosos del planeta — un cambio estructural en la relación entre Washington y Silicon Valley que ninguna administración anterior ha intentado a esta escala. Si eso sirve como una fuerza estabilizadora o una nueva fuente de fricción puede depender enteramente de cómo se redacten los términos de gobernanza.
OpenAI está negociando para otorgar al gobierno de EE.UU. una participación de propiedad del 5% en la empresa, que valdría aproximadamente 42.600 millones de dólares basándose en la valoración más reciente de OpenAI de 852.000 millones de dólares.
El CEO Sam Altman se ha reunido con el presidente Donald Trump, el secretario de Comercio Howard Lutnick, el secretario del Tesoro Scott Bessent y el senador Bernie Sanders en relación con el acuerdo accionario.
El marco de capital propuesto prevé que otras empresas líderes de IA de EE.UU. — incluidas Anthropic, Google y Meta — cedan participaciones similares del 5% a través de un vehículo gubernamental. Sin embargo, la participación sigue siendo incierta y ninguna empresa fuera de OpenAI ha confirmado su implicación.
El senador Bernie Sanders apoya la Ley del Fondo Soberano de Riqueza de IA Americano, que podría crear un fondo que potencialmente alcance aproximadamente 7 billones de dólares en valor, diseñado para distribuir los beneficios generados por la IA de manera más amplia al público estadounidense.
Artículo producido con la asistencia de inteligencia artificial y revisado por el equipo editorial.


